Estoy cansado de poetas llorones. De complicadas frases. De protestas inutiles. De recuerdos que se hundieron en un más allá, por un más de menos. Hay que dar la cara al viento, aunque corte. Hay que curarse como un buen jamón de sierra fria. Hay que seguir la rima de la vida que no rima. Hay que lavarse las manos de los dolores doloridos y enjuagarse la espuma azul que borra el blanco de las manos. Hay que crecer sin medirse. Hay que recoger la fruta del árbol, cuando se desliza de este, para no podrirse dentro de una flor que nos confunde el corazón con la cabeza.






